Nos dirigimos a ti, Señor, nuestro Dios. Sabemos que tras la agonía de tu Hijo Jesucristo y su muerte en la cruz, lo resucitaste de entre los muertos. Acoge a nuestro hermano Carlos, y haznos redescubrir que el camino del Calvario conduce a todos los que lo recorren hasta el sol de la mañana de Pascua. Por Jesucristo, tu Hijo resucitado, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén
Padre Carlos Ballén Silva, PSS
Fecha de nacimiento: 26 de mayo de 1947
Ordenación: 2 de diciembre de 1973
Incardinación: Diócesis de Zipaquirá
Ingreso en la Compañía de San Sulpicio: 1978
Fue necesaria la muerte para que el padre Carlos, nuestro amigo y hermano, dejara de sufrir. Nos volvemos hacia ti, Señor nuestro Dios. Sabemos que después de la agonía de tu Hijo Jesucristo y su muerte en la cruz, lo resucitaste de entre los muertos. Haznos redescubrir, siguiendo sus pasos, que el camino del calvario conduce a todos los que lo suben hasta el sol de la mañana de Pascua. Por Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios por los siglos de los siglos. Amén.
El padre Carlos se ha reunido con sus padres: Carlos Julio y Mercedes; su hermana Leonor; sus hermanos: Víctor, Álvaro, Julio, Armando, Ramiro y Ciro, así como con otros miembros de su familia.
Al padre Carlos le sobreviven su hermano Pedro, sus cuñadas, sus numerosos sobrinos y sobrinas, sobrinos nietos y sobrinas nietas, así como otros familiares, los feligreses de su pueblo natal y sus muchos amigos y alumnos en Colombia, Canadá y Brasil.
Los cohermanos de la Compañía de los Padres de San Sulpicio comparten con ellos, en la oración, la comunión sacramental que nos une a los misterios del sacerdocio de Cristo y de su Pascua, renovados siempre en la celebración de la Eucaristía.
FUNERALES:
Fecha: viernes, 3 de julio de 2026.
Lugar: Catedral diocesana de Zipaquirá.
Hora: 2:00 p.m.
Cremación: Cementerio Jardines del Recuerdo (Autopista Norte, calle 207, lado occidental, Bogotá).
EXPOSICIÓN DEL ATAÚD Y VIGILIA DE ORACIÓN:
Iglesia parroquial de Sutatausa, Cund., el 2 de julio a partir de las 5:00 p.m. h hasta las 9:00 a.m. del 3 de julio.
Catedral diocesana de Zipaquirá, el 3 de julio a partir de las 11:00 a.m.
Especial: Padre Carlos Ballén, 50 años de servicio, evangelización y enseñanza
MENSAJES DE LOS AMIGOS Y FAMILIARES.
No me pasa la consternación por la partida del Carlos Eduardo Ballén -no obstante el progresivo deterioro de su salud- , aunque estoy convencido de que, habiendo sido en la tierra un «santo de la puerta de al lado», goza ya del premio de los justos y ahora es nuestro intercesor en el cielo. Mantendremos su memoria viva entre nosotros, cosechando la herencia espiritual que nos ha dejado: humano, rectilíneo, sin dolo, fiel, incondicional, servicial, generoso, responsable, centrado en su vocación sacerdotal, de servicio al clero, su sentido de pertenencia a la familia, el país, el Instituto, la Iglesia. Dios nos consuele a todos: la familia, los cohermanos, los sacerdotes, sus alumnos y amigos… y nos ayude a atraer con nuestro testimonio muchas vocaciones en su reemplazo
Carta del Superior Provincial
« HEMOS VISTO AL SEÑOR »
En nombre de todos mis hermanos sacerdotes Sulpicianos de la provincia de Canada quiero expresar nuestros más sinceros sentimientos de tristeza por la partida del Padre Carlos Ballén. En los últimos años en medio de su grave enfermedad y de la lucha de cada día por mantenerse en vida y participando en el ordinario transcurrir de nuestra misión, Carlos mantuvo siempre la fe y la confianza en Dios al ofrecer diariamente su vida por el bien de la sociedad de Padres de San Sulpicio. Sacerdote de una Esperanza inquebrantable al mirar el futuro en medio de las dificultades del presente.
Pero el Padre Carlos Ballén de los últimos años no fue más que el reflejo y la conclusión de toda una historia de servicio ministerial en nuestros seminarios como formador, rector, director espiritual, animador de la vida comunitaria, musico y cantor, ecónomo, animador de la vida espiritual, profesor de Moral, miembro del consejo. Con un gran Espíritu misionero y una gran disposición a ejercer su ministerio en otros países como Brasil y Canada. El Padre Carlos Ballén fue recordado siempre con cariño y estima por donde pasó. Son muchas las personas y los sacerdotes que son testigos de su generosidad, caridad, sentido humano, sabiduría en el discernimiento, y coherencia de vida, virtudes que lo acompañaron siempre y que lo distinguieron como un sacerdote especial.
Acompaño también en estos momentos a su familia de la que él se mantuvo siempre cercano y de la que se expresaba siempre con orgullo. Lo escuchamos hablar con amor de todos ellos con quienes mantenía una comunicación frecuente y una buena relación fraterna y sacerdotal.
La vida del Padre Carlos Ballén fue un continuo don de sí mismo en un verdadero camino de maduración humana y espiritual. Un camino que configuró en él una existencia capaz de amar con Cristo y como Cristo, incluso hasta el punto de dar la vida en un acto de generosidad desbordante. Seguir, amar e imitar a Cristo significa entrar en la lógica del don; concretamente, en el don que Él hizo de sí mismo. El don de nosotros mismos da sentido a nuestra vida y sirve de punto de referencia para construirla. La muerte del Padre Carlos no puede vivirse como una pérdida o como una derrota. Nadie nos quita la vida, somos nosotros que la entregamos y lo hacemos libremente.
Hemos de comprender que una libertad nueva, pascual, se realiza en la entrega cotidiana de nosotros mismos. Es en cuanto ser libre que la persona se encuentra a sí misma al entregarse. La libertad es esencial para que la persona pueda «darse a sí misma», para convertirse en un don para los demás, signo indiscutible del amor incondicional de Dios revelado en Cristo.
Este nuevo dinamismo nos llama a dar testimonio de su amor. Nos convertimos en sus testigos cuando, a través de nuestras acciones, palabras y conducta, el Todo otro resplandece y se comunica a sí mismo. El testimonio puede describirse como el medio por el cual la verdad del amor de Dios llega a la humanidad en el curso de la historia, invitando a las personas a acoger libremente esta novedad radical.
Celebremos juntos entonces la muerte del Padre Carlos Ballén y acompañemos su partida participando desde donde nos encontremos en la Eucaristía. Ella nos permite encontrar a Cristo, nos pone en contacto directo con su amor y nos capacita, a su vez, para amar como Cristo nos ama: hasta el extremo de la caridad. La gracia de la Eucaristía tiende a conducir al cristiano a la perfección del amor: a la entrega de sí mismo. La Eucaristía nos lleva a la plena realización de nosotros mismos porque nos introduce en la lógica del don y nos enseña a hacer de nosotros mismos un don.
Qué bueno que todos los que de alguna manera entramos en contacto con el Padre Carlos, podamos al final de su vida, reconocer lo extraordinario que ella nos reveló y que nos permite ahora expresarlo lleno de esperanza diciendo: ‘Hemos visto al Señor’ … El Señor resucitó y está vivo y actuando en medio de nosotros a través de sus hijos predilectos.
P. Jorge Pacheco, PSS
Superior Provincial
Provincia de Canadá
Los Padres de San Sulpicio



