por

P. Innocent ATTOUNON

La soledad continúa bien y las actividades se desarrollan con normalidad según el programa establecido. Esta cuarta semana que llega a su fin está marcada por dos intervenciones que fueron gratamente seguidas. Por un lado, el padre Yaroslaw Kaufmann, de la Provincia de Canadá y director del Colegio Canadiense de Roma, nos sumergió en el universo de la Biblia para ayudarnos a descubrir la importancia de la Palabra de Dios en el ministerio sulpiciano, el significado profundo de la lectio divina, su importancia y su práctica en la vida cotidiana. Por otra parte, el padre Martin Burnham, que vino desde Estados Unidos para unirse a nosotros el jueves, inició con nosotros el viernes la sesión sobre la dimensión multicultural de la formación intelectual. Nuestro objetivo es esencialmente dar unas pinceladas de las dos sesiones que hemos tenido y describir, en pocas palabras, el ambiente que reina aquí en Limonest donde el frío empieza a sentirse.

Crónica de la Solitude en Limonest

1- La lectio divina y la importancia de la Palabra de Dios

A modo de introducción a la primera sesión, el padre Kaufmann, en quien descubrimos una pasión por las Escrituras, nos llevó pedagógicamente a comprender el sentido profundo de la lectio divina a partir de dos textos bíblicos que puso en paralelo: el relato de la tentación de Jesús en Mateo 4, 1-11 y el de la tentación de Adán y Eva en Génesis 3, 1-12. Este emocionante ejercicio, que nos abrió los ojos a muchos otros aspectos de estos dos textos que no habíamos percibido antes, nos hizo comprender la lectio divina como una práctica que nos enseña a ver en la lectura de la Escritura más de lo que creemos saber o conocer. Así, hacer lectio divina es aprender a escuchar de nuevo la Palabra de Dios, la Palabra que nos lee y a través de la cual se proyecta la luz del Espíritu Santo en nuestra vida. En esta práctica, se trata de dejarse formar por la Palabra que leemos y no buscar información en ella, nos explicó el Padre Bíblico. Nos lleva a Dios y nos permite descubrir la relación que este Dios amoroso tiene con nosotros y también la que nosotros tenemos con él a cambio.

El padre Kaufmann desarrolló entonces el papel primordial del Espíritu Santo, principal agente de esta práctica espiritual. Hizo gran hincapié en este aspecto, invitándonos a entregarnos y dejarnos guiar por el Espíritu Santo siempre que emprendamos la lectio divina. Esta comprensión de la lectio divina nos ha llevado a percibirla no como una fuente de información a través de la lectura de la Escritura, sino como un verdadero medio de formación. Se trata de dejarse formar por la Palabra que leemos, que nos descubre en nuestra relación con Dios y con los demás. A través de la estructura de la celebración eucarística, descubrimos, finalmente, las cuatro etapas que componen la lectio divina: lectio, meditatio, oratio y contemplatio. El Padre Bíblico explicó cada uno de estos cuatro componentes de la lectio divina, refiriéndose a Guggenheim II el Cartujo, quien los definió desde su propia experiencia. Para él, «la lectura es el estudio atento de las Escrituras, realizado por una mente aplicada. La meditación es una operación de la inteligencia, que procede a la investigación estudiosa de una verdad oculta, con la ayuda de la razón. La oración es una aplicación religiosa del corazón a Dios para alejar los males y obtener el bien. La contemplación es una cierta elevación en Dios del alma atraída por encima de sí misma y saboreando las alegrías de la dulzura eterna». (cf. Fuente cristiana 163, p. 84).

Kaufmann nos dio la historia de la lectio divina, mostrando, de nuevo a partir de las Escrituras (Ne 8:1-18), cómo la práctica existía en la relación del pueblo de Israel con su Dios. Aprovechó la ocasión para mostrarnos la importancia de la palabra como medio de transmisión de la historia de este pueblo de generación en generación. «Incluso en el exilio, lo único que le quedaba al pueblo de Israel era la palabra», dijo. A continuación, mostró cómo se desarrolló la práctica en el cristianismo, a partir de algunos pasajes de los Evangelios: Lc 24, 13-35; Mc 10, 46-52. Todo este ejercicio de interpretación y comprensión, que debe tener en cuenta la Biblia en su conjunto y la cultura judía que es el contexto de su escritura, nos ha aportado muchas ideas sobre la lectio divina. Aprendimos a ir más allá de las palabras, a sus significados más profundos. Todos nos alegramos de los cuatro días pasados con el padre Yaroslaw Kaufmann, que se quedará con nosotros hasta el lunes antes de volver a Roma.

2- La dimensión multicultural de la formación intelectual

Para esta segunda sesión, la presencia de Monseñor Lionel Gendron fue de gran importancia para nosotros. El padre Martin impartió sus enseñanzas en inglés. La traducción fue realizada admirablemente por Monseñor Gendron, que estuvo presente con nosotros desde el principio hasta el final. A decir verdad, no sentimos que esto fuera un obstáculo.

Las enseñanzas de Martin fueron bien recibidas por los solitarios, que formularon numerosas preguntas sobre diferentes aspectos del tema tan actual de la multiculturalidad en la formación intelectual, que es el objeto de esta sesión.

Como introducción a esta sesión, el Padre Martín nos ayudó a fijarnos en los formadores y profesores que nos han marcado en nuestra trayectoria académica y a anotar los puntos que admiramos en ellos. A partir de este ejercicio, que refleja la voluntad del comunicador de hacernos partícipes de su enseñanza, identificamos la presencia, la humildad y la capacidad de dejarse enseñar por sus alumnos como cualidades principales que marcan a los estudiantes en sus experiencias. Pasando al tema de la multiculturalidad, el Padre nos instó a estar atentos como profesores para descubrir en nuestros alumnos las diferencias de comportamiento que pueden explicarse por las diferencias culturales. En este sentido, mostró la importancia de conocer a los alumnos que tenemos a nuestro cargo, su historia, su pasado, su cultura para acercarnos mejor a ellos y hacerles partícipes de su propia formación. Refiriéndose al número 117 de la Ratio fundamentalis, que invita a unificar las cuatro dimensiones de la formación, el padre Martin recordó la finalidad de la formación intelectual.

Crónica de la Solitude en Limonest

Su objetivo es unificar nuestra relación con el Señor. Es una forma de entrar en el misterio de Dios. Su objetivo es ayudar a los seminaristas a situarse en la fe, a participar en el misterio de Dios. Para ello, tres cualidades son absolutamente necesarias para el profesor: la escucha, que agudiza la atención a las necesidades de los alumnos; el diálogo, que favorece la apertura y nos aleja de la tentación de la rigidez o el fundamentalismo; y la exploración, que expresa la curiosidad que nos empuja a investigar para avanzar en la comprensión cada vez mejor del curso que impartimos.

Después de que estos puntos se desarrollaran en las cinco reuniones de una hora del viernes y el sábado, el padre Martin nos llevó el domingo por la mañana a tomar conciencia de la diferencia entre enseñar a los niños, la pedagogía, y enseñar a los adultos, llamada andragogía. Esta última se centra más en la persona que aprende. Por eso es importante conocer sus intereses, preguntas y expectativas. Favorece un método que lleva al alumno a convertirse gradualmente en su propio guía para conducirse. La necesidad de conocer, la propia forma de ser del alumno, su experiencia, la orientación hacia el conocimiento son principios fundamentales de la andragogía. Terminamos esta sesión del domingo con las cálidas palabras de agradecimiento del Padre Daniel al Padre Martin y a Monseñor Gendron, cuya presencia nos fue de gran ayuda.

3- Un evento de importancia en nuestra vida comunitaria: Mauricio cumple 45 años

Esta semana termina con una nota festiva. Este domingo, nuestro cohermano colombiano Andrés Mauricio López Ramírez celebra el don de la vida. Afortunadamente, es su grupo el que inicia los servicios litúrgicos esta semana. Por eso ha presidido la misa dominical de esta mañana, en la que toda la comunidad de solitarios, junto con los cuatro formadores, ha rezado por él y por sus padres. La celebración continuó con el almuerzo, que fue precedido por un aperitivo de convivencia en un ambiente fraternal. Se podía leer en la voz de Mauricio e incluso en la expresión de su rostro toda la emoción de alegría y felicidad que le produjo la atención especial que recibió en este día de gracia y acción de gracias. En este ambiente fraternal y amistoso se desarrollan nuestras actividades aquí en Limonest, donde el progresivo cambio de clima nos lleva también a adaptar nuestra vestimenta para no exponernos al frío. En general, la soledad se vive en una gran solicitud fraternal y los solitarios dan testimonio cada vez de su alegría de vivir esta experiencia. ¡Lo continuamos con alegría!

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