El tiempo de Cuaresma: un llamado a la conversión

1er domingo de Cuaresma

22 de febrero de 2026

«Crea en mí un corazón puro, oh Dios»

El tiempo de Cuaresma: un llamado a la conversión

Desde el miércoles pasado hemos entrado en el tiempo de Cuaresma. Este período de cuarenta días nos prepara para la gran fiesta de Pascua. Es para nosotros la oportunidad de reencontrar, en este ciclo litúrgico, las verdaderas prioridades de nuestra vida cristiana y presbiteral.

Reconocemos que, muchas veces, descuidamos u olvidamos al Señor, porque no siempre es nuestra prioridad en la vida cotidiana. Con demasiada frecuencia vivimos sin pensar mucho en Él. Sin embargo, el Señor siempre está ahí para decirnos y volver a decirnos:

«¡Vuelvan a mí de todo corazón!»

La Cuaresma es precisamente ese tiempo de gracia que se nos concede para volver al Señor; es urgente fortalecer nuestra vida de comunión íntima con Él.

La tentación en la vida cotidiana

Los textos bíblicos de este 1er domingo de Cuaresma nos hablan de la tentación. Esta puede presentarse de múltiples maneras en la vida diaria: la tentación de la precipitación, de comer o beber en exceso, de decir una palabra burlona o hiriente; también la tentación de mostrar a los demás el poco poder que tenemos y abusar de él para nuestro propio beneficio.

Todas estas tentaciones, y muchas más, buscan apartarnos de Dios e incluso llevarnos a rebelarnos contra Él.

Adán y Eva: el drama del pecado y la caída

La primera lectura nos dice que el ser humano fue creado para la felicidad, la vida, la alegría y la armonía. Dios quiere nuestro bien y el de nuestro mundo.

Y sin embargo, nos sucede que fallamos, lo abandonamos e incluso le damos la espalda. Adán y Eva fueron engañados por «la serpiente»; quisieron ser «como dioses». Pero al ceder a la tentación, se encontraron en una situación miserable.

Sus ojos se abrieron para tomar conciencia de su «desnudez», es decir, de su condición de ser humano caído. Por eso saben que nunca volverán a tener el esplendor de su Creador.

Creados a imagen de Dios, deben aprender a oír y escuchar su Palabra. Ella es la que les da vida, lejos de la ilusión susurrada por la serpiente. Más tarde, en Emaús, los ojos de los discípulos se abrirán para contemplar al «hombre nuevo», Jesús resucitado en la mañana de Pascua.

«Crea en mí un corazón puro»: el Salmo 50

El Salmo responsorial, el Salmo 50, es puesto en labios de David después de su pecado con Betsabé. En realidad, es el salmo de la gran oración judía de penitencia.

Al tomar conciencia de su falta, el fiel invoca a Dios para que venga a liberarlo cambiando su corazón, llenándolo del Espíritu Santo. Una vez puesto nuevamente en el buen camino, el justo podrá dar gloria a Dios.

«Crea en mí un corazón puro, oh Dios».

La gracia más fuerte que el pecado

En la segunda lectura, san Pablo nos dice que el pecado y la muerte alcanzan a todos los seres humanos desde los orígenes. Pero lo más importante es la superioridad del don de la gracia.

Los dones de Dios son mucho más grandes que nuestros numerosos pecados:

«Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia».

La Buena Nueva que Jesús nos ofrece pesa mucho más que la muerte. Es en la cruz y en la resurrección de Cristo donde se enraíza nuestra esperanza de victoria sobre la muerte y el pecado.

El tiempo de Cuaresma: un llamado a la conversión

Jesús en el desierto: el combate contra el tentador

«Entonces Jesús fue llevado al desierto», justo después de su bautismo, justo después de que Dios dijera: «Este es mi Hijo amado».

Las tentaciones de Jesús se inscriben en la dinámica de su identidad como Hijo de Dios. Detrás de estas tentaciones está «el diablo», aquel que busca hacer caer al ser humano.

Ataca nuestros puntos débiles, disfrazando sus ataques. Intentó apartar a Jesús del camino del sacrificio y del amor, proponiéndole la ruta fácil del éxito y del poder.

Pero Jesús rechaza usar su poder para obtener satisfacciones personales. No acepta ningún compromiso con el pecado ni con la lógica del mundo.

Y sobre todo, no dialoga con Satanás.

La fuerza de la Palabra de Dios

Jesús elige refugiarse en la Palabra de Dios:

  • «No solo de pan vive el hombre».
  • «No tentarás al Señor tu Dios».
  • «Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto».

Estar en comunión con Dios es aún más vital que comer.

Nos corresponde decidir si queremos vivir como hijos de Dios y en relaciones de fraternidad. Si caminamos tras las huellas de Cristo, viviremos; de lo contrario, será el camino de la incertidumbre y del pecado.

Cristo vencedor y nuestro combate espiritual

Jesús resistió al tentador. Por nuestro bautismo, nosotros también somos hijos de Dios.

Conocemos el hambre de poder, la necesidad de dominar, las tentaciones que desvían nuestro corazón. Pero el Señor no deja de llamarnos a volver a Él. Siempre está dispuesto a levantarnos.

Jesús ha obtenido la victoria definitiva del amor.

El tiempo de Cuaresma: un llamado a la conversión

Alimentados por la Palabra y la Eucaristía

Siguiendo a Jesús, alimentémonos de la Palabra de Dios mediante la oración, la lectio divina y la liturgia.

Con Cristo vencedor entramos en este tiempo de Cuaresma, tiempo favorable para la conversión. La luz de la Palabra ilumina nuestra vida.

El pan que recibimos de ti, Señor, pan de la Palabra y pan de la Eucaristía, renueva nuestros corazones; alimenta la fe, hace crecer la esperanza y nos da la fuerza para amar.

Enséñanos a tener siempre hambre de Cristo, único Pan vivo y verdadero, y de toda Palabra que sale de tu boca.

Amén. ¡Feliz Cuaresma!

+Émilius Goulet, PSS
Arzobispo emérito de San Bonifacio

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