Primera parte

Desvelar la finalidad de la comunidad de discípulos.

«Santifícalos en la verdad »

La expresión «santifícalos en la verdad» forma parte de un texto bíblico que pertenece al cuarto evangelio. Es una oración que Jesús dirige a su Padre en nombre de sus discípulos (Jn 17,17). Pero, ¿por qué nos llama la atención esta oración? ¿Qué interés despertaría en los oyentes? ¿Qué relevancia puede tener?

Un primer e interesante descubrimiento aparece cuando nos referimos al contexto en el que se pronuncia esta oración en el Evangelio. De hecho, todo el capítulo 17 nos presenta a un Jesús que se dirige al Padre a través de una oratoria que los discípulos escuchan y de la que son los principales testigos. Jesús habla de sí mismo, de su obra, de sus discípulos y de los que llegarán a la fe a través de sus palabras. Ya no se trata de hablar a los discípulos del Padre, ni de revelarles los distintos aspectos de su verdadero rostro, sino de prepararles para lo que viene, para su futuro, por la inminente partida de Jesús hacia su Padre.

En cierto modo, este futuro ya está ahí, a finales del siglo I, cuando se compuso el cuarto evangelio. El propio capítulo 17 es la parte final de una unidad mayor que comienza en el capítulo 13 y que es exclusiva del cuarto evangelio. Pero, ¿a quién van dirigidos estos capítulos 13-17 del cuarto evangelio?  ¿Cuáles son las características de la comunidad cristiana de la época? A finales del primer siglo, cuando el cristianismo empezaba a separarse del judaísmo, los cristianos se vieron obligados a argumentar y justificar su fe en Jesús. Por lo tanto, es necesario conocer en profundidad los temas fundamentales de su identidad.

Así, los géneros literarios utilizados en la narración de este evangelio tienen su razón de ser. Los signos (milagros en los sinópticos) van acompañados de largos discursos en forma de diálogos o controversias. Esto hace del cuarto evangelio un evangelio catequético por excelencia. A través de preguntas y respuestas, el autor del Cuarto Evangelio nos conduce, por ejemplo, a una comprensión más profunda de temas como el bautismo, el culto, la eucaristía, la fe y la resurrección. Y cuando los diálogos se convierten en controversias, el autor nos da al mismo tiempo los principales argumentos que muestran la relevancia del carácter revelador de Jesús y su extraordinaria comunión con Dios.

La oración de Jesús en Juan 17

Los capítulos 13-17, también llamados «discurso de despedida», no quedan fuera de esta dinámica. Están ahí para acompañar los relatos de la pasión, muerte y resurrección del Señor. El signo por excelencia del misterio de Cristo, su partida hacia el Padre. Estos discursos preparan los ojos y la inteligencia del lector para una contemplación más profunda de los últimos acontecimientos de la vida de Jesús.  El camino hacia la cruz se ve entonces como un camino hacia Dios y su muerte como un retorno al Padre. La cruz ya no es un lugar de humillación, sino un lugar de exaltación y proclamación de Cristo Rey.

Pero, ¿por qué estas reflexiones en una fase tan tardía de la composición del cuarto evangelio? ¿Qué más hay que entender sobre la partida de Jesús? Si se observan los capítulos 13-17 del cuarto evangelio, queda claro que, junto a este momento de afirmación del cristianismo frente al judaísmo, también hay una seria reflexión sobre la finalidad de la comunidad de discípulos de Jesús y sus misiones en el mundo. La partida de Jesús hacia su Padre plantea la cuestión del grupo de sus discípulos. Jesús ya no está en el mundo, pero ellos están en el mundo, en el lugar de Jesús.

Los discursos de despedida, construidos en un contexto escatológico común, tratan de responder a la expectativa nacida en la primera comunidad de discípulos cuando Jesús parte hacia su Padre. Este acontecimiento introduce a los discípulos en una nueva etapa en la que los puntos de referencia, que caracterizaban su relación con Jesús, han cambiado. De la expectativa de un retorno inmediato y victorioso, pasaremos gradualmente en el tiempo al descubrimiento de una nueva presencia de Jesús, silenciosa e íntima, el inicio de su retorno glorioso.

Esta progresión de la expectativa escatológica es uno de los rasgos originales que presenta el cuarto evangelio al final de este discurso en el que, en forma de oración, Jesús se dirige al Padre para hablarle de sus discípulos. El evangelista deja ver así cómo debe reestructurarse la relación entre Padre-Jesús-discípulos-mundo y qué lugar deben ocupar los discípulos en ella. La razón de tal reordenación está relacionada con el movimiento de Jesús, que se va al Padre y los discípulos se quedan en el mundo.

Esta oración de Jesús es, pues, un punto de llegada en el recorrido catequético del evangelio de Juan y se dirige principalmente a los cristianos de finales del siglo I. Es una respuesta en profundidad a las cuestiones más urgentes de la actualidad. Ellos mismos piden al autor del cuarto evangelio que se detenga durante mucho tiempo para reflexionar y profundizar en las consecuencias más importantes de la partida de Jesús hacia su Padre, porque estas consecuencias corresponden bien a las cuestiones del momento. Ahora me gustaría plantear estas cuestiones para entender mejor la oración. Este trabajo incluirá necesariamente referencias a otros textos del cuarto evangelio, de los que la oración parece ser una síntesis.

La oración de Jesús en Juan 17

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