«Un sacerdote debe ser un buen ser humano y un hombre de Dios; por eso debe haber tiempo para estar con el Señor, conocerlo, escucharlo, hablar con él», expresa el sacerdote Abel Sierra Parra, rector del Seminario Mayor Nuestra Señora del Rosario, institución de la Arquidiócesis de Manizales que lleva 120 años formando sacerdotes.

Sus bases son el Código de Derecho Canónico y los documentos de la Iglesia Católica, que rigen a todos los seminarios de formación sacerdotal; pero en el de Manizales, que está a cargo de sacerdotes sulpicianos y diocesanos, se insiste en el acompañamiento, en la dirección espiritual, en un trabajo colegiado bajo la dirección del arzobispo, monseñor José Miguel Gómez Rodríguez, en el que todos los sacerdotes son responsables de la formación y de las decisiones.

Ayer y hoy

El rector indica que el Seminario Mayor abrió sus puertas el 1 de febrero de 1902 en Aranzazu, dirigido por sacerdotes diocesanos de la Arquidiócesis de Manizales, y que a partir de 1950 fue confiado a los sacerdotes de San Sulpicio (sociedad de origen francés cuyo carisma es la formación en los seminarios) a la que el rector pertenece, y son llamados sulpicianos.

Los sulpicianos estuvieron a cargo del Seminario, ya en Manizales, hasta el 2005 cuando siendo arzobispo monseñor Fabio Betancur Tirado delegó la dirección en el clero diocesano. «A partir del 2021 el arzobispo actual de Manizales, como fue formado por los sulpicianos, quiso que volviéramos a dirigir el Seminario a partir de enero del 2022».

El equipo formador es de cinco sacerdotes: tres diocesanos y dos sulpicianos, y cuenta con 25 jóvenes en formación y 3 en año de pastoral, aunque tiene capacidad para 110 seminaristas.

Seminario de Manizales

Baja en las vocaciones

«Realmente estamos muy preocupados porque es el menor número que se ha tenido en el Seminario desde 1980, cuando se vivió otra etapa similar de baja en las vocaciones sacerdotales», señala el rector.

Sin embargo, explica que el arzobispo conformó un equipo de sacerdotes que trabaja en la promoción vocacional. «Toda la Arquidiócesis está en misión vocacional. La disminución en las vocaciones es un fenómeno mundial, y aquí el equipo de Pastoral Vocacional lentamente va dando resultado y el número tiende a crecer. Esperamos que para el año entrante haya un buen número de jóvenes ingresando al Seminario», agrega.

Entre los seminaristas tienen cuatro profesionales, que sintieron el llamado de Dios luego de obtener sus diplomas, esto hace parte de los cambios, pues como dice el rector: «la Iglesia avanza en nuevos métodos y expresiones para hacerlo, hoy en día se necesitan más profesionales; antes no era normal que para un seminario hubiese un psicólogo, actualmente es muy necesario tener un equipo de profesionales».

Esto ocurre porque los jóvenes llegan muchas veces de realidades complejas y requieren acogida y acompañamiento, incluso algunos ingresan con muy poca formación cristiana y el equipo de sacerdotes debe empezar de ceros.

Su historia

El Seminario Mayor fue pensado desde el año 1900 por el primer obispo que tuvo Manizales, monseñor Gregorio Nacianceno Hoyos. El 14 de diciembre de 1901 fue fundado por decreto número 20, pero empezó a funcionar el 1 de febrero de 1902 en Aranzazu, en una casa del coronel Daniel Botero, que sigue en pie, ya con otros usos.

A los cinco meses, 4 de julio de 1902, el Seminario fue trasladado a Manizales a una casa de la parroquia San José, luego a otra vivienda en la carrera 21 con calle 26 y de allí pasó al edificio donde está la Normal de Señoritas, para volver más adelante a una casa en San José.

La Arquidiócesis construyó un edificio en la Avenida Santander, donde funciona la sede de la Universidad de Caldas, y trasladó allí al Seminario, donde estuvo hasta 1984 cuando se fue para la vereda La Florida a otra construcción de la Arquidiócesis, donde permanece.

Proceso de formación

La Arquidiócesis de Manizales cuenta con un equipo de Pastoral Vocacional, a cargo del sacerdote Lukas Quintero, quien visita las parroquias y acompaña en la formación humana y cristiana a los jóvenes interesados en ser sacerdotes, señala el rector del Seminario Mayor, sacerdote sulpiciano Abel Sierra Parra.

Estos jóvenes participan en reuniones y van a una entrevista. Luego, el equipo de formación vocacional define quién sí está llamado por Jesucristo para entrar al Seminario. Los seleccionados empiezan su formación viviendo como internos en el Seminario Mayor. Son ocho años de la siguiente manera, según explica el rector:

  • Primer año o de introducción, se llama propedéutico, donde se insiste en la formación humana y cristiana, y les van ayudando a discernir si de verdad Jesús los ha llamado y si ellos quieren responder y tienen las capacidades. En esta fase también les ayudan a descubrir sus talentos.
  • Luego vienen tres años de estudio de filosofía, que se le llama discipulado, tiempo durante el que conocen a Jesús y deciden si le quieren responder.
  • Luego vienen cuatro años de teología y se denomina etapa de configuración, en la que en el joven va apareciendo el rostro de Jesucristo, sentimientos y actitudes como buen pastor. En el primer año de teología hacen un año de pastoral, que consiste en vivir la experiencia de trabajo con un párroco. Luego vuelven al Seminario para completar los otros tres años del proceso formativo, tiempo en el que van recibiendo ministerios y se preparan para la ordenación sacerdotal.

Artículo tomado del Diario La Patria

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