«Haced todo lo que Él os diga»
Las apariciones marianas de Lourdes
¿Quién no conoce la historia de las apariciones marianas de Lourdes? Estas apariciones de la Virgen María ocurrieron en 1858 a una joven de catorce años, Bernadette Soubirous. Ella declaró haber presenciado dieciocho apariciones de una joven dama que se presentaba como la Inmaculada Concepción. La Iglesia reconoció la autenticidad de estas apariciones cuatro años más tarde. Desde entonces, al invocar a la Inmaculada Concepción, el pueblo cristiano descubre en María la imagen de la Iglesia venidera, la prefiguración de la Nueva Jerusalén, cuyas puertas están abiertas a todos los pueblos.
Lourdes, lugar de peregrinación y gracia
Hoy, peregrinos de todo el mundo, en grupo o en solitario, hombres y mujeres acuden a Lourdes para orar, escuchar el llamado a la conversión e implorar sanación para sí mismos o para sus seres queridos.
Lourdes también es el lugar donde se reúne cada año la conferencia episcopal de los obispos de Francia. Peregrinos y obispos reciben de la Virgen María, la Inmaculada, la misma gracia: aprender que el Señor, Hijo de María, nos ama y nos salva.
Los milagros de Lourdes
Hay numerosos milagros en Lourdes, milagros que sorprenden a multitudes. También hay otros milagros, milagros inolvidables: aquellos en los que hombres y mujeres, trayendo las lágrimas de sus vidas y su esperanza, descubren que el Señor, que escuchó la oración de su madre en Caná, nunca se aparta de nuestras oraciones. Él siempre las escucha.
A veces de manera paradójica: ¿quién no conoce a algunos enfermos graves condenados que, al regresar de Lourdes sin haber sido sanados, impactan a su entorno con su paz? La oración de aquella que estaba junto a la Cruz de su Hijo Jesús les ayudó a superar la rebeldía para entrar en la Luz de Cristo resucitado.

Santa María, Madre de Dios
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pobres pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Los pobres pecadores, al celebrar a la Madre de Dios, la Inmaculada, se reconocen pobres en amor. Se entregan a quien es nuestra abogada y nuestra oración. Bajo tu cuidado, nos refugiamos, Santa Madre de Dios. No rechaces la oración de tus hijos en desgracia, sino líbranos de todo peligro.
Lourdes y la fuente de agua viva
Fue en Jerusalén donde María vio a su Hijo crucificado. Del costado de Cristo brota agua viva. Lourdes, gracias a su fuente milagrosa, nos ofrece el símbolo del agua. ¿No es acaso un símbolo mariano? ¿No fue el primer milagro de Jesús el de convertir el agua en vino en Caná?
Lourdes recupera la gracia de Jerusalén, cuyo nombre significa Ciudad de la Paz. A orillas del Gave, esta paz desborda como un río sobre los seres humanos pecadores o enfermos. Allí, una madre consuela a sus hijos, tal como aún lo hace en los numerosos santuarios dedicados a Nuestra Señora de Lourdes en nuestro país. ¿Qué diócesis no posee una parroquia, un santuario o una gruta dedicada a la Virgen María de Lourdes?
María, imagen de la Iglesia y de la Nueva Jerusalén
Isaías 63 nos permite ver la intensidad del amor de Dios por su pueblo. El profeta Isaías lo describe como un padre amoroso (cf. Is 63,16; 64,7). En nuestro texto, el Señor se presenta como una madre llena de ternura y atención hacia Jerusalén, que es como su hijo. Se necesitan varias comparaciones para expresar la riqueza íntima del amor de Dios.
María es el modelo del amor que responde al amor infinito de Dios. Ella es la imagen, mejor aún, la Madre de la Iglesia, la prefiguración de la Nueva Jerusalén.
Las bodas de Caná: alianza de Dios y la humanidad
Hoy, vamos a las bodas en Caná de Galilea. Muchos asistirán, al menos para ver el vestido de la novia y poder hablar con conocimiento de causa. ¡Cruel decepción! El relato no dice nada al respecto. Más grave aún: ¡busquen a la novia! San Juan ni siquiera la menciona. Apenas alude al novio. Una boda singular, donde los esposos parecen inexistentes. ¿Alguna vez han asistido a una boda sin conocer los nombres de los esposos?
En verdad, en Caná de Galilea, la boda es primordial e impresionante. Se trata de la alianza de Dios y la humanidad. El esposo es Dios mismo que se revela en Jesucristo, aquel de quien Juan el Bautista dirá con alegría que es «el amigo del esposo» (Jn 3,29-30). La novia no aparece porque aún se la espera: es la humanidad completa.
Es en esta boda singular donde Jesús, a petición urgente de su madre, realiza el primer milagro de su vida pública. En este primer milagro, el Hijo de Dios, Hijo de María, inaugura sus bodas con la humanidad que quiere conducir al banquete de las bodas eternas. «Como un joven se casa con una virgen, tu Constructor te desposará» (Is 62,5), había predicho el profeta Isaías.
Y los más bellos y grandes milagros de Lourdes consisten en hacer que todos los peregrinos participen de las bodas de Jesús, es decir, de su intimidad y comunión. Cuando el Señor da, a la oración de María, multiplica; da en abundancia, como lo hizo en Caná con el agua convertida en vino.
María y el misterio de la Eucaristía
La Eucaristía es una actitud de corazón que María nos dio como ejemplo. De hecho, la actitud eucarística consiste en responder al amor de Dios mediante el don de una vida que se convierte en un gracias. En este punto, María es quien nos introduce al verdadero sentido de la Eucaristía, acción de gracias por excelencia.
¡Amén!
+Émilius Goulet, PSS
Arzobispo emérito de San Bonifacio