¿Encontrará el Hijo del Hombre fe en la tierra cuando venga?

29º domingo del Tiempo Ordinario – Año C

Fecha: 19 de octubre de 2025
Tema: «¿Encontrará el Hijo del Hombre fe en la tierra cuando venga?»

Esta reflexión del 29º domingo del Tiempo Ordinario C nos invita a meditar sobre la fe, la perseverancia en la oración y la justicia de Dios. A través de los textos bíblicos de este día, descubrimos un llamado a mantener la confianza a pesar del aparente silencio de Dios y a permanecer fieles en nuestra esperanza.

A menudo nos hacemos reflexiones o nos preguntamos: ¿por qué Dios no escucha nuestra oración y no hace reinar finalmente la justicia en el mundo? ¿No es acaso su Reino lo que invocamos? ¿Estamos tan seguros de ello? ¿Llamamos tan firmemente al Reino de Dios?

Es justo cuando Jesús toma plena conciencia de caminar hacia su injusta condena que san Lucas se atreve a citar las palabras del Señor, afirmando que el Padre responde a nuestra llamada a la justicia. ¡Una afirmación paradójica, difícil de comprender! ¿No es sorprendente que concluya con una expresión de inquietud del Señor? «¿Encontrará el Hijo del Hombre fe en la tierra cuando venga?»

Creer y comprender la justicia de Dios

Creer quizá signifique aceptar otra idea del triunfo de la justicia; una idea no “triunfalista”. Tal vez implica aceptar la muerte de nuestra concepción de la victoria de Dios para entrar en la suya.

Creer es descubrir otro orden de realidad, desconocido para el ser humano, pero más real que las apariencias y cargado de eternidad. Este descubrimiento requiere una profunda evolución espiritual.

Pidamos al Señor que nos haga vislumbrar su justicia, ya presente en quienes se apegan a Él. Solo entonces podremos continuar con confianza nuestra lucha para que venga su Reino.

Los textos bíblicos y el triunfo de la justicia

Los textos bíblicos de esta liturgia nos revelan el resultado y el triunfo de la justicia que el Señor nos asegura. Para los hebreos, escapando de la esclavitud, la única justicia concebible de Dios era la destrucción de quienes se oponían a su marcha hacia la tierra prometida. En la aniquilación de los amalecitas, vieron la respuesta del Señor a su llamada confiada. Dios es un guerrero poderoso, que viene a vengar a los suyos. Aún estaban lejos de concebir a un Dios providente, siempre presente entre su pueblo.

Dios necesita nuestras manos

El texto nos muestra que Dios necesita nuestras manos; desea la intercesión humana, que reconoce la dependencia frente a Él. Amalec es el enemigo arquetípico. ¿No es el primero en atacar al pueblo tras la fuga de Egipto?
En hebreo, “Rephidim” une los términos “debilidad” y “manos”. Allí Moisés logra que sus manos no flaqueen, y Dios concede la victoria. ¡Que los creyentes no flaqueen ante todos los “Amalec” que se oponen a la salvación de Dios!
Durante la batalla de Rephidim, Moisés con dificultad mantenía las manos levantadas. Esa era la condición para la victoria.

 Perseverancia en la fe

La idea de duración aparece en el Salmo responsorial, aunque no se refiere a un tiempo determinado. Dios es guardián de la vida del creyente y del pueblo. Él “protege de todo mal”.
Este salmo, cantado durante las peregrinaciones a Jerusalén, es un llamado a Dios para que proteja a su pueblo. Para los cristianos, se convierte en oración durante el camino hacia el Reino de Dios.

¿Encontrará el Hijo del Hombre fe en la tierra cuando venga?

El mensaje de san Pablo a Timoteo

En la segunda lectura, san Pablo recuerda a su discípulo la importancia de la meditación de las Escrituras. Al releer el pasado, podemos descubrir gradualmente la verdadera sabiduría y comprender los planes de Dios. Desde allí es posible ayudar a otros con paciencia y guiarlos a conformarse a la Palabra de Dios.

Timoteo es responsable de una comunidad y recibe de Pablo dos instrucciones para asegurar su servicio: empaparse de la Escritura y proclamar la Palabra. La Escritura corresponde a los Libros Santos de la Primera Alianza. Las primeras comunidades cristianas no alteraron la tradición judía que las sustentaba. Para ellos, Cristo Jesús estaba en perfecta coherencia con la Escritura.

La parábola del juez y la viuda: fe y perseverancia

En el Evangelio de hoy, los discípulos sienten que su oración por la justicia es vana. ¿Sería Dios insensible? No, responde Jesús. La justicia de Dios se manifestará de manera inminente.

Pero, ¿tendrán los humanos suficiente fe para reconocerla? Si un juez injusto, sin otra preocupación que su tranquilidad, hace justicia a una viuda persistente, ¡cuánto más Dios, que es “Justo”, hará justicia a sus elegidos que claman hacia Él!

Tras la Pascua, la parábola adquiere un nuevo significado. Algunos cristianos comienzan a cansarse de esperar la venida gloriosa del Resucitado. La parábola reaviva su perseverancia en la esperanza.

El silencio y la paciencia de Dios

«¿Y Dios no hará justicia a sus elegidos que claman día y noche?» Ante conflictos, injusticias y sufrimientos, ¿cómo mantener la fe frente al silencio de Dios?
«¡Dios mío, por qué me has abandonado!», clama Jesús en la cruz. Pero su oración se forjó con los Salmos. Él esperaba que “sin tardar” se manifestara la presencia amorosa de Dios más allá de la ausencia dolorosa. El Evangelista exhorta a sus destinatarios a la misma confianza. El silencio de Dios se rompe con la resurrección de Jesús, iluminando nuestra noche hasta la venida del Señor.

El misterio del retraso divino

¿Por qué Dios, como el juez injusto de la parábola, tarda en responder? La parábola justifica el tiempo que Dios impone. Sí, Dios es paciente. El discípulo cree que Cristo Resucitado vendrá en su gloria, el día que Dios haga justicia. ¿Cuándo? Nadie lo sabe. Debemos aceptar este misterioso retraso querido por Dios.

Orar sin desanimarse

Orar sin desanimarse es lo que hoy Jesús pide a sus discípulos. Los adversarios pueden ser numerosos y fuertes, las dificultades pueden pesar sobre nuestra marcha, las decepciones oscurecer la esperanza; sin embargo, la oración fiel y constante supera cualquier prueba.

Como Moisés, con la cruz victoriosa en mano, debemos apoyarnos en la ayuda de otros para permanecer firmes y valientes. La liturgia de la misa nos hace vivir esta realidad: juntos compartimos el pan de la Palabra y el sacrificio de la cruz, y no dejamos de orar por todos, firmes en la fe y constantes en la intercesión.

El Hijo del Hombre y la fe en la tierra

«¿Encontrará el Hijo del Hombre fe en la tierra cuando venga?» La Iglesia, en su angustia, llama a la venida del Hijo del Hombre. Él vendrá; la oración es escuchada. Con la venida del Hijo del Hombre se espera la redención y la salvación. Pero dependerá de la fe que Él encuentre si esa venida se transforma en salvación o pérdida.

La gran tentación de esta época turbulenta es la apostasía de la fe; los elegidos también están amenazados. La elección divina no garantiza seguridad pasiva; exige un compromiso constante con Dios. San Pablo aguardó la muerte y el juicio con confianza porque mantuvo la fe (cf. 2 Tim 4,7). Esto nos plantea una pregunta seria: Dios no nos falta, ¿pero nosotros a Él? La salvación llega, pero no sin lucha, compromiso total y fidelidad perseverante.

¿Encontrará el Hijo del Hombre fe en la tierra cuando venga?

La Eucaristía: manifestación de la justicia de Dios

La Eucaristía es la plena manifestación de la justicia de Dios. En la celebración eucarística, no hay jueces ni juzgados. Solo podemos confesar nuestra indignidad ante el Señor, cuyo amor se afirmó más fuerte que la muerte. Si entramos plenamente en su realidad y misterio, la Eucaristía realiza el encuentro de los hijos divididos y hace triunfar la justicia de Dios. Abriéndonos a esta justicia divina, cantemos el triunfo de su gloria.

¡Amén!

Por Monseñor Émilius Goulet, PSS

Obispo Emérito de St Boniface

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