La Transfiguración: luz y misterio pascual

2º Domingo de Cuaresma A 2026

1° febrero de 2026

La Transfiguración: luz y misterio pascual

Hoy, segundo domingo de Cuaresma, continuando el camino penitencial, la liturgia nos invita a reflexionar sobre el acontecimiento extraordinario de la Transfiguración en la montaña, después de habernos presentado, el domingo pasado, el Evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto.

Considerados juntos, estos dos episodios anticipan el misterio pascual: la lucha de Jesús contra el tentador anuncia el gran combate final de la pasión, mientras que la luz de su Cuerpo transfigurado anticipa la gloria de la Resurrección.

Por un lado, vemos a Jesús plenamente hombre, que comparte con nosotros incluso la tentación; por otro, lo contemplamos como Hijo de Dios, que diviniza nuestra humanidad.

Así, estos dos domingos sirven como pilares sobre los cuales descansa todo el edificio de la Cuaresma hasta la Pascua, e incluso toda la estructura de la vida cristiana, que consiste esencialmente en el dinamismo pascual: de la muerte a la vida.

Un llamado a desplazarnos: salir, subir, bajar

Con este segundo domingo de Cuaresma, somos invitados a movernos, a salir de nuestro jardín, de nuestra pequeña vida tranquila.

Los textos bíblicos evocan tres movimientos permanentes:

  • salir de nuestro “propio hogar”,
  • subir para descubrir la Luz,
  • aceptar bajar nuevamente hacia el valle (que puede ser un “valle de lágrimas”).

Abraham: salir para recibir la bendición

Esto fue lo que ocurrió con Abraham (primera lectura): fue llamado a dejar una vida donde Dios era desconocido; caminó hacia la tierra que Dios le destinaba.

Más tarde, Jesús pedirá a sus discípulos que lo dejen todo para seguirlo.

Estamos llamados a liberarnos de las ataduras que nos mantienen alejados de Dios y de la bendición que Él quiere derramar sobre nosotros.

Vivir la Cuaresma es salir de nuestra vida cómoda, es alimentarnos cada día del Evangelio de Cristo, es seguir al Señor por caminos que no habíamos previsto.

El proyecto de Dios: gracia y salvación en Cristo

La carta de san Pablo a Timoteo retoma el texto de la primera lectura. Nos recuerda el gran proyecto de Dios: desplegar la bendición confiada a Abraham.

La gran preocupación del apóstol es que el Evangelio sea conocido por todos:

«Dios nos ha salvado. Nos ha dado la gracia en Cristo Jesús antes de todos los siglos… Él hace brillar la vida y la inmortalidad por medio del anuncio del Evangelio».

La fuerza de Dios acompaña al misionero de Cristo.

La montaña: lugar de oración y encuentro con Dios

El Evangelio de la Transfiguración nos muestra a Jesús que toma consigo a Pedro, Santiago y Juan.

«Los llevó aparte a una montaña alta».

En la Biblia, la montaña representa la cercanía con Dios y el encuentro íntimo con Él. Es el lugar de la oración.

Jesús deja entrever la belleza de su divinidad. Él, que dijo: «Yo soy la luz del mundo», deja transparentar un poco de esa luz.

Si Cristo nos llama hacia Él, es para hacernos contemplar las cosas del cielo.

La Transfiguración: luz y misterio pascual

«¡Escúchenlo!» : la voz del Padre

Pedro queda deslumbrado y quisiera quedarse allí.

Pero se oye la voz del cielo:

«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco. ¡ESCÚCHENLO!»

Esta palabra es para cada uno de nosotros hoy. No es el sacerdote quien lo dice: es Dios Padre quien nos dice: Escuchen a Jesús.

Escuchar a Cristo en su Palabra

Ser discípulo es escuchar su voz y tomar en serio sus palabras.

Para escuchar a Jesús, hay que estar cerca de Él, seguirlo como lo hacían las multitudes en Palestina. Jesús era un caminante itinerante que transmitía las enseñanzas del Padre.

Lo escuchamos en su Palabra escrita, en el Evangelio.

Es importante leer cada día un pasaje, especialmente durante la Cuaresma. A través de esos textos, es Jesús quien nos habla.

Subir y bajar: oración y misión

En el Evangelio de la Transfiguración podemos destacar dos momentos significativos: la subida y la bajada.

Necesitamos subir al silencio para percibir la voz del Señor. Eso es lo que hacemos en la oración, especialmente en la Eucaristía. Este encuentro con Cristo no debe ser descuidado.

Pero no podemos quedarnos allí. El encuentro con Cristo nos impulsa a bajar hacia las periferias, hacia quienes sufren a causa de la enfermedad, las injusticias, la pobreza material y espiritual.

Hemos escuchado la Palabra de Dios; debe crecer al ser compartida con los demás.

Eso es la vida cristiana: escuchar a Jesús y darlo a los demás.

En camino hacia la transfiguración final

A lo largo de esta Cuaresma, todos estamos llamados a salir de nuestra vida tranquila y subir la montaña para encontrarnos con el Señor.

Sus palabras son palabras de Vida eterna.

Nos atrae la esperanza de la transfiguración final.

Entonces, como Abraham, pongámonos en camino para seguir al Señor. Que toda nuestra vida dé testimonio del amor que Él nos tiene.

Con María en el camino de la Cuaresma

Volvámonos ahora hacia María en la oración.

Reconocemos en ella a la criatura humana transfigurada interiormente por la gracia de Cristo.

Dejémonos conducir por ella para recorrer con fe y generosidad el itinerario de la Cuaresma.

+Padre Jacques D’Arcy,
Sacerdote sulpiciano

Si te ha gustado este contenido, ¡compártelo!